El estómago, nuestro segundo cerebro.
La comunicación existente entre el cerebro y el estómago es bidireccional, pero cuál es la relación real que existe entre estos dos órganos.
Últimamente se habla mucho sobre el reconocimiento de un segundo “cerebro” en nuestro cuerpo. Nos estamos refiriendo al estómago y de cómo su funcionamiento afecta directamente la vida cotidiana de las personas. Sin embargo la comparativa de llamar de igual forma a dos órganos no es en realidad una idea para equipararlos, sino que más bien explicar la interconexión que hay entre ellos como piezas inteligentes. Para comenzar es importante explicar que en el cerebro tenemos millones de neuronas (ochenta y cinco mil millones aproximadamente); en contrapunto, en el estómago también las hay, aunque en menor número (cien millones), pero similar en cantidad a las que encontramos en el cerebro de un perro o un gato.
Ahora bien, si nos preguntamos cuál es el papel de estos neurotransmisores, la repuesta es simple; establecer un diálogo entre estas dos partes de nuestro cuerpo, de manera que puedan trabajar de forma correcta. Por ejemplo, hay investigaciones que señalan que nuestro comportamiento se torna más agresivo si estamos sin alimento. Esto es porque el estómago envía señales al cerebro de la falta de triptófano (aminoácido necesario en la producción de serotonina), lo que incrementa los niveles de irritabilidad. Del otro lado, el estrés puede hacer que nos duela la barriga o el nerviosismo hacer que aparezcan las famosas “mariposas en el estómago”.
Si hablamos de un neurotransmisor como es la serotonina, sabemos que en el estómago se produce entre el 80 y 90% de esta molécula neuroactiva y que su función es esencial para regular el movimiento en nuestro intestino (lo que permite el desplazamiento de los alimentos por el cuerpo), además de ser un gran aporte nutricional. El otro 10% se produce en el cerebro e influye en nuestro bienestar psicológico. A la serotonina se le asocia con la función intestinal, los estados de ánimo, la coagulación, las náuseas, la densidad ósea o el apetito sexual. Incluso hay investigaciones que señalan que un estreñimiento crónico puede deberse a la falta de ésta.
Esos bichos inquietos
Ya hemos hablado sobre el papel que juegan los neurotransmisores en nuestro “cerebro estomacal”, ahora bien, no son los únicos. En nuestro organismo coexisten más de 100 billones de microorganismo diferentes (bacterias, virus, hongos y protozoos) a los que llamamos microbiota intestinal, un verdadero ecosistema que vive dentro y fuera de nuestro cuerpo. La mayoría de estos huéspedes se encuentran en el intestino y sus funciones son la de generar vitaminas y aminoácidos esenciales para la supervivencia del cuerpo humano, además de estimular el sistema inmunitario.
Sí se produjera la ausencia de la flora bacteriana el impacto sería muy peligroso para el resto del cuerpo. Esto sucede porque nuestro organismo tiene varias carencias que son suplidas por estos huéspedes microbianos. La alteración o disminución de la población microbiota, provocaría cambios en el metabolismo, los estados de ánimo e incluso se podrían presentar enfermedades neuronales.
Pero, ¿por qué sucede todo esto?. Digamos que el ecosistema que habita en nuestro cuerpo ha
establecido un vínculo muy estrecho con nuestro organismo lo que les permite manifestar sus necesidades y hacérnoslas propias. En palabras más simples, hay estudios que dicen que si a nuestros “bichitos” le surge la necesidad de alimentarse para nutrirse se lo hace saber a nuestro organismo, y este envía mensajes que viajan directamente al cerebro. Si no es respondida la solicitud se genera un fallo lo que puede traer diferentes consecuencias.
El buen funcionamiento de nuestros “cerebros” viene dado por un estilo de vida saludable. Es muy importante escuchar a nuestro cuerpo cuando percibamos que algo no va bien. Los horarios de las comidas y los alimentos que ingerimos; el abuso de antibióticos, los tiempos de descanso o los niveles de estrés son condicionantes en el buen o mal desempeño del organismo.
En Yammi no podemos redactar pautas o estilos de vida para que no tengas problemas con tu segundo “cerebro”, pero lo que sí podemos hacer es recomendarte comidas saludables como la Lasagna del huerto, los ñoquis con salsa de pesto y queso parmesano o el guiso de garbanzos con carne zapallo y verduras. Con estos platos seguro que tus “bichitos” quedarán contentos y trabajarán con más ganas.
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